sábado, 14 de agosto de 2010

Pecios viejos


Hay días y días y ayer no fue de los mejores. Hay noches que reparan lo que parecía irreparable, o que destruyen lo poco que quedaba en pie. Mis naufragios son muy relativos. Cuando la esperanza se hunde, hay una balsa a la que subir en el último minuto. Nunca hacen agua mis naves sin una lancha salvavidas cerca, al alcance de la mano (esa mano que una vez se enlazó a la tuya para no ahogarme en el dolor y sólo hizo más lenta y profunda  la agonía). Y son ya tantos naufragios que quizás la solución sea mudarme a una isla desierta y no volver a embarcarme jamás.


Pero ahora, en mitad de la tormenta, los ojos de marinera avezada saben dónde están los faros que alertan del peligro, cómo enfrentar las olas para que el casco no se parta, qué velas arriar, qué cabos soltar y cuáles amarrar. Aferrada al timón y con la vista al frente las tormentas perfectas pueden acabar con final feliz. O no. Como siempre.

Belle en la sombra©

2 comentarios:

jaime dijo...

Esos ojos... más que saber dónde están los faros, son los faros mismos, claros y profundos donde los haya... Qué no?
Beso grande grande!!

Belle dijo...

Jaime!!! Me dan ganas de saltar y correr rgritando tu nombre ¡¡has vuelto!!

Te extrañé tanto, tanto, tanto...paseé entre nubes antiguas tantas veces... muá, muá, muá, muá!!!!