viernes, 25 de marzo de 2005

Lo que dicen que soy

Nunca he sabido distinguir ficción y realidad, imaginación y deseos, recuerdos y esperanzas. ¿Cómo saber si nuestros recuerdos no son sino un reflejo de lo que habríamos querido vivir? ¿Cómo saber si lo que imagino lo deseo o es únicamente un dejar hacer aparte de la realidad ? 

Intento recordar algunas tardes de mi niñez, de mi juventud, de los días en que me amaba y era feliz, pero no sé qué habría recordado de esos instantes si el tiempo hubiese sido detenido allí por una mano todopoderosa y los segundos de mi reloj no hubiesen continuado implacables. 


Aquél beso no lo recordaría igual si no hubiese sido el último, si le hubiesen seguido otra multitud de besos, besos apasionados, o dulces, o cansados, o lujuriosos, o felices, o enardecidos, o desilusionados. Pero aquél beso fué el último y yo no lo supe hasta mucho tiempo después. Ni siquiera hoy lo sé, porque me queda la esperanza de otro beso...y no sé si lo deseo o sólo lo imagino.

Tengo miedo de mañana, no de lo que pueda pasar, si no de lo que no me pase. Cómo saber que estaré en el momento más importante de mi vida. Quién me dice que cuando pase yo no estaré lustrando mis zapatos, pagando el diario o durmiendo una siesta. Mi vida está hecha de lo que no ocurrió. Retazos de lo que nunca me sucedió me arrastran a pesadillas que no recuerdo al despertar. Yo soy lo que no hice, los sitios en que nunca estuve, los besos que no di, los libros que no leí, las palabras que nunca dije ni pensé. Soy lo que nunca fué. Quizás ni siquiera soy. 

Hubo un tiempo en que fui lo que él pensaba de mí. El mundo y el tiempo no me importaban porque para él era invulnerable, fuerte, valiente, osada, sensata, perfecta. Mis ojos miraban por los suyos y me convertí en quien él creía que yo era. Por extensión empecé a camuflarme en las miradas.


Yo no era yo, era los ojos de los demás, los tuyos, los de ella, los de él, los del conductor del autobús, los de mi profesor de piano, los del tendero de mi calle. Me transformé en una mirada ajena y poco a poco dejé de existir. Con el paso del tiempo no fui sólo miradas, sino ausencia de ellas, si no me mira no valgo nada, si no me ve no existo. Cuando quise encontrar la mirada que tanto me había importado en un tiempo, estaba tan lejos que no alcancé a ver el fondo de sus ojos. 


Sentado a mi lado, con las piernas entrelazadas en las mías, los cuerpos desnudos sobre una cama deshecha, juntos, una mirada frente a otra mirándose sin verse. Sexo de cuerpo presente. Busqué el espejo que necesitaba para reconocerme, pero aquellos ojos susurraban silencios. Desde entonces soy invisible . 

Salgo de casa caminando despacio bajo un cielo gris plomizo y pesado, pienso en la soledad, la voy buscando para poder decir que no me preocupa, pero los ojos se despiertan cuando adivino una sonrisa . He visto tres pares de ojos tristes, cientos de ojos indiferentes, algunos ojos sonrientes, un par de ojos enamorados, otro par desengañado, y varios llenos de dolor, narices resfriadas rojas y brillantes, bocas apretadas, bocas satisfechas, bocas crueles, bocas decididas -es curioso como una boca dice cosas sin hablar-. 


Y mientras pensaba eso vi la sonrisa, iluminó mi mañana y no pude fijarme en nada más. Ahora intento olvidarle para volver a estar satisfecha de mi soledad. Quiero creer que la he elegido yo, pero sigo siendo invisible, incluso la soledad pasa de largo. 

Esperando, caminaba a vuestro lado mirando con los ojos muy abiertos.  Mujeres de pechos grandes, medianos, pequeños, con brazos cruzados sobre ellos. Hombres de ceños fruncidos, de pasos firmes, de miradas ausentes. Intento cambiar el nombre de las cosas para sentirme menos sola. 


Una ciudad llena de olores, ese cielo gris, y yo caminando sin dirección, buscando compañeros de viaje, olvidando que soy invisible a los ojos de la gente. Estoy medio viva. Casi muerta.


Belle en la sombra©

6 comentarios:

Jaime dijo...

Siempre, cada vez que creo verte, resultas no estar, o parecerlo. Siempre aquí y siempre ausente. Y una lágrima a medio brotar de mis ojos.

Miguel Bueno dijo...

Años sin verte. Una alegria el rencuentro. Una maravilla de texto a pesar del genero, unas masculino y otras femenino. De muerta nada, vivita y coleando. Expresiones y feliz año nuevo para mi perdida Octavia.
Piedra

Rafael dijo...

Un beso muy especial, uno de esos que contabas, María. Te deseo lo mejor para el 2008 que comienza en unas horas... seguro que sí.

mj dijo...

Revive querida, no decaigas.
Aquí seguimos. Continúa tu camino. Has de seguir, siempre adelante.
Besos y mis mejores deseos, siempre al Sur.

Mj (Perseida)

Perzival dijo...

Buen relato: hermoso, sincero, dolorosamente triste.

Luis Vea García dijo...

Hace tanto tiempo que sólo pasé a echar un vistazo.
Un beso

Guanachinerfe.