viernes, 31 de diciembre de 2010

Empezando




Porque acabar no es más que eso. Un nuevo minuto llama a la puerta. Deseen y sean felices. Yo haré lo posible por seguir al menos esta vez mis propios consejos.

Belle en la sombra ©

viernes, 10 de diciembre de 2010

Ruinas


Para Alfredo, 
en su regreso.
Busco. Lisboa no llega.

Aparto de mi el cáliz previsto. Los aullidos a la espalda no me producen inquietud. Al otro lado del mundo sigue siendo invierno, los días se acortan, la oscuridad lo engulle todo y me pregunto si el humo de los libros habría podido traer hasta aquí tu olor, el de las cosas por hacer, el de las posibilidades que se fueron, el de las que no llegarán. Círculos de despojos. Ojos apagados.  Estantes vacíos. La redención no es, ya,  una opción. Polvo. Destrucción.Y silencio.

Busco. Lisboa, se fue.

Belle en la sombra ©

sábado, 30 de octubre de 2010

Pares, nones y porqués.



Nunca se me han dado muy bien los juegos de azar (ni el azar sin juegos, para qué nos vamos a engañar). En realidad los detesto. No me gusta participar en algo en lo que no tengo el menor control. Quizás anduve demasiado tiempo sin él como para desprenderme ahora de lo único que tengo: la sensación de que puedo dirigir mi vida (como si ella no fuese a la vez el mayor peligro y el mayor juego). Qué bien sabemos que no. Desde el primer día. Desde la primera vez. Desde la primera coincidencia.

¿Cómo controlar lo incontrolable? ¿Para qué predecir lo impredecible? ¿Por qué intentarlo?

¿Porque puede que sí, o  que no? ¿Porque la historia se repite, a veces? ¿Porque no creo en el destino ni en las casualidades y sí en las decisiones y en la voluntad? ¿Porque no necesito motivos? ¿Porque no debo explicaciones? ¿Porque ahora es todo lo que tengo? ¿Porque la vida es para vivirla? ¿Porque una sola posibilidad es suficiente? ¿Porque no siempre las palabras son  sólo palabras? ¿Porque los silencios son vacío y esconden el pavor de lo infinito y su inmensidad? No lo sé, no lo sé, no lo sé. Porque sí. Porque por qué no. Bueno, ya: porque te amo. Ven.


Belle en la sombra©

miércoles, 1 de septiembre de 2010


Porque los números, aun infinitos, nunca son bastantes.

Un beso imperceptible, virginal, tras el lóbulo de la oreja. La respiración se paraliza a la espera de lo que pueda venir...o no. Llegan dos besos más, cálidos, tiernos, que me  cierran los párpados y hacen descender lentamente un escalofrío por la columna. Entonces, casi sin darme cuenta, tres besos centran la sonrisa que esbozo, mi cuello se arquea pidiendo, sin palabras, más, y otros cuatro besos  descienden desde la barbilla hasta el latido de un corazón que golpea al ritmo del deseo que crece. Rodeas mis pechos y alcanzas sus pezones con besos que voy contando casi sin querer (unos, dos, tres, cuatro, cinco...) como aparentemente sin querer, en fila por el sendero de mi torso, seis arrastrados besos desfilan (¿libidinosamente?) en ruta hacia mi ombligo, haciendo escapar de mi boca un gemido de placer y de ansiedad, para que siete sinuosos, húmedos y quedos besos naveguen entre mi vello, casi sin  fuerzas para   llegar hasta el refugio de mis  axilas mientras un reloj sin control  me palpita bajo el vientre. Ocho besos rabiosos, hambrientos ya, casi caníbales, me sorprenden al conquistar los hombros y me retuerzo y suplico sin saber si quiero que pares o que sigas ahí para siempre jamás. Pero sigues, y nueve largos, húmedos, traviesos besos recorren la columna hasta el final para encontrar cobijo entre mis nalgas, seducidas y entregadas ya a la avidez de tu lengua, de tus labios, de tus dientes, con los sentidos nublados por la decisión con que  diez besos recorren los lugares más escondidos y el regocijo con que lo celebro. Once besos entre mis piernas me hacen pensar que incluso el paraíso tiene fin y todo acabará y gimo y suplico y pido que pares, y pido más y un calor suave y una dulzura indescriptible hacen que me olvide de contar el doce, el trece, el catorce. Y un placer incontrolable me invade y te inunda...y dejamos de contar para mirarnos.


Belle en la sombra©